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Mensaje por LOST AGAIN el Sáb Sep 10, 2011 12:21 am


Trama del Foro.

THE STORY REPEATS ONE MORE TIME



EL ACCIDENTE
Por Margareth A. Shephard



Sólo Dios sabía en estos momentos porque demonios no saltaba desde aquí arriba para volver a casa nadando. Tantos adolescentes juntos, tanta familia junta me exasperaba. Me consideraba más madura que el resto, mucho más madura que superficiales como Catherine o cínicas como Heather. En fin, el punto es que estaba atrapada en este crucero, el Destinations no se cuanto, rodeada de unos imbéciles y de personas que, si por mi fuera, no volvería a ver más. Me había negado muchas veces, no obstante eso no alcanzó para que mi madre se apiadara de mi alma condenada y me dejara faltar al viaje. Prácticamente me arrastró hasta el camarote. Y ahora que estaba aquí pensaba más seriamente que en cuanto cumpliese la mayoría de edad me iría a algún país lejano y desconocido a vivir la vida como una incógnita. Mas para eso necesitaría dinero... las stripper ganaban bien, no era tan mala la idea.
Voltee un poco para mirar a la gente que pasaba por la cubierta, y justo cuando lo hice Joshua pasaba caminando de traje, algo raro en él ya que nunca usaba traje.-¿Te sientes bien, Joshua? -pregunté sarcástica al tiempo que me cruzaba de brazos y me apoyaba más en la barandilla. -Más que nunca. Verás, quiero saltar por la borda para salir de este infierno, y todo lo que Joshua hace, lo hace con estilo -contestó con una sonrisa de autosuficiencia y una expresión tan sexy que era capaz de besarlo en estos momentos. Colocó ambas manos en el metal de la barandilla y por un momento creí que en verdad iba a saltar. Se quedó observando el océano por lo que volví a voltearme y observé junto a él la inmensidad azul en medio de la noche. -¿Puedo ir contigo? -lo miré insinuándome. -Mira que sorpresa, la niña Shephard resultó ser rebelde -dijo como si no se acordara de las noches que salimos juntos a distintos lugares cuando yo me escapaba de casa -No creo que a tu mami le agrade la idea -Como si me importara lo que mi madre piense. Fue como si por un momento él lo estuviese pensando. En lo que menos lo esperaba acortó más la distancia entre nosotros, con una de sus manos me tomó por la mejilla y con la otra de la cintura y... un terrible ruido lo arruinó todo. Íbamos a seguir con lo nuestro pero de repente todo comenzó a temblar. Fue una de las pocas veces en mi vida que sentí miedo, miedo real. Joshua me sujetó fuertemente de la muñeca y se puso un poco por delante de mi, como si se tratase de un ataque del que tenía que defenderme. Se cortó la luz y se sintieron gritos en la oscuridad más profunda en medio de una noche de inmaculada luna llena.
Recuerdo haber corrido, haberme chocado con otras personas, sentir mi pie de repente húmedo y más tarde el agua llegándome a los talones, a la pantorrilla... Sobre todo recuerdo la firmeza con la Joshua me arrastraba por el interior del barco porque, según me confesó, a pesar de odiar a su hermana mayor tenía que encontrarla en medio de aquel alboroto. Era mucha gente la que corría, todo estaba muy oscuro y de a poco se llenaba de agua. Me sentía en Titanic, aunque nunca había visto la película. El agua estaba helada, ya me temblaba el cuerpo. -Joshua, déjala. Sabrá sobrevivir sola -dije en un intento de que pudiésemos irnos de una vez por todas. Frío, más frío, más oscuridad.
Desperté en tierra firme al día siguiente, desconcertada. Aaron estaba a mi lado, cuidándome. Sonreí al ser él lo primero que veía. -¿Qué sucedió? -me incorporé y me senté en la ¿arena? -Te desmayaste por hipotermia, el agua estaba muy fría. Joshua te sacó en sus brazos del barco y se las arregló para acercarte a la tierra. Yo estaba con Eileen, ella se desmayó del susto. Esta mañana temprano él se fue a recorrer la playa a buscar más sobrevivientes -explicó mirando al horizonte -¿Y donde estamos? En el itinerario no figuraba ninguna estadía en una playa. Pasó un tiempo hasta que Aaron volvió a hablar -Es la isla Maggie, la isla en la que nuestros padres cayeron con el Oceanic 815, estoy seguro.

SURGE EL LÍDER
Por Charlie E. Hume

A dos días del accidente la histeria y el mal humor eran algo general. Ya era sabido que estábamos en la isla en la que habían caído nuestros padres y donde se conocieron, y era el momento de saber quien era el o la líder, porque sin organización y sin alguien como autoridad no llegaríamos a ningún lado. El grupo de sobrevivientes estaba dividido en dos, el team Shephard por un lado y el team Ford por el otro. Timothy y Joshua eran los favoritos para llevar el mando, el hijo de Jack era el líder involuntario, lo hacía de una manera indirecta; el hijo de Sawyer era el que imponía las cosas y estas tenían que ser cumplidas o cumplidas, sin lugar a sugerencias ni opiniones. Tarde o temprano acabarían peleando, lo presentía. Me hallaba paseando por la orilla, junto a Jenna, mi hermana. Ninguno de los dos hablaba, no obstante no había un silencio incómodo. Era el mutuo mudo acuerdo de no emitir sonido para escuchar los mensajes que traía el mar. Últimamente notaba distinta a mi hermana, se la veía más cansada que de costumbre, más pensativa y más callada. Eso aumentó tras el accidente, en pocas ocasiones hablaba algo, de seguro solo pensaba en volver a casa y se imaginaba lejos de aquí. De repente me vi salpicado por el agua y oí la risa de Jenna. Sonreí al notar aquello. Le devolví el salpicón y así comenzamos. No jugamos mucho puesto que en medio de la diversión se escucharon dos voces o más discutiendo. Parecía que más allá no lograban ponerse de acuerdo. -Ven conmigo -le dije y comencé a caminar hacia donde estaba el resto. Me siguió sin lugar a dudas. Cuando llegamos a la zona del conflicto mi presentimiento se hizo realidad. Timothy discutía con Joshua, aparentemente el segundo había insultado y tratado mal a Franklin. Toda la "familia" estaba situada alrededor de ellos dos, escuchando con atención lo que decían. Margareth dio un paso al frente -Basta ya los dos. Timothy, no seas tan defensor del pueblo. Joshua, no seas tan molesto. Todos sabemos que Frankin es un nerd come-libros y ratón de biblioteca que probablemente muera solo y jamás tenga novia pero tampoco hay que remarcarlo todo el tiempo -dijo con voz clara y firme. Menudo comentario, eso empeoró la situación en la familia. Si tan solo ella hubiese pensado antes de hablar... Donnald no tuvo el valor de defender a su hermano, simplemente le dio una palmada en la espalda transmitiéndole su apoyo, sin embargo fue lo suficientemente valiente para frenar a Bonnie, antes de que esta se lanzara encima de Margareth sin compasión alguna. Boone tomó la palabra: -¿Y que hay de ti, Margareth? La niña rebelde, ¿tienes un complejo de baja autoestima? Porque parece que todo el tiempo tienes que llamar la atención haciendo lío tras lío. Además, ni hablar de tu reputación de prostituta de la familia. Todos se quedaron con la boca abierta al tiempo que Meg cerraba la suya. -¡No metas a Meg en esto! -dijeron a coro Timothy y Joshua. -Como si fuesen una autoridad, no tienen voz para mí. Me enseñaron a respetar a los adultos, no a los niños encaprichados. Conste que solo voy a obedecer cuatro voces en esta isla de mierda, la de Aaron, la de Heather, la de Ji-Yeon y la de Charlie. El resto son un grupo de idiotas que no saben hacer nada. Incluida Catherine -respondió Boone con crudeza. Noté como Eileen daba un paso atrás, avergonzada por haber sido llamada de ese modo, al mismo tiempo que Jenna, a quien se le llenaron los ojos de lágrimas. Andreew estaba al lado mío y estuvo a punto de decir algo que de seguro empeoraría todo. Suerte que lo detuve a tiempo. De repente Joshua se abalanzó sobre Boone, dándole la que sería la lección de su vida. Timothy intentó detenerlo pero fracasó en el intento. -¡Detente monstruo! -chilló Catherine colgándose en la espalda del rubio y arrojando toda la dignidad a la basura. Parecía un circo a decir verdad. -No seas fastidiosa . Joshua iba a golpearla pero se contuvo al recordar que se trataba de una mujer. Asustada, Catherine lo dejó en paz y se apartó, uniéndose al grupo de espectadores. -Joshua ya, déjalo -decía Timothy pero el otro hacía oídos sordos. Continuaron peleando, defendiéndose y atacándose al mismo tiempo. Un movimiento a lo lejos me llamó la atención, eran Aaron y Heather que regresaban de buscar leña para la fogata de la noche. Se reían por algo, me habría gustado saber porque, y en el momento en que vieron la situación sus rostros fueron la calco exacta de preocupación y seriedad. Se acercaron corriendo. -¡Hey, paren ya!. Aaron se impuso y los separó a ambos. -¿Es que no pueden siquiera llevarse cordialmente? No les pido que sean los mejores amigos pero sí que se respeten. ¡De este modo nos pudriremos en la isla sin llegar a salir jamás! Por favor, somos grandes para este tipo de cosas. La tensión se palpaba en el silencio que anexó a sus palabras -Ahora, Catherine quiero que ayudes a tu hermano, Heather... no tú no, Ji-Yeon, por favor te pido que ayudes a Joshua. No hay nada más que ver aquí, vuelvan a lo que estaban haciendo. Nadie se movió en los segundos siguientes. -¡Hijo de perra, te salvaste! Y no miento, tu madre era una... -le dijo Joshua a Boone -¡Basta! -volvió a exclamar Aaron. Así, todos fuimos testigos de como surgió el líder, aquella persona en la que depositamos toda nuestra esperanza y en la que más confiamos a partir de ese momento.

SUJETO EN MEDIO DE LA SELVA
Por Aaron S. Littleton

Un día pasó desde el incidente familiar en la playa y la mayoría de las personas aquí ya me llamaban "líder". Se sentía bien, no iba a negarlo, pero... ¿que pasaría si me equivocaba en algo y todo salía mal? Esa era una pregunta que daba vueltas a mi mente todo el tiempo. En estos momentos, Charlie, Joshua y yo estábamos en medio de la frondosa selva, de seguro perdidos, buscando algo comestible. Pocas cosas habían llegado a flote hasta la orilla y podían ser ingeridas sin peligro recurrente de muerte o enfermedades, y todavía no nos habíamos organizado para ir al barco en busca de alimentos. Quienes fuesen allí tendrían que ser personas con coraje, sin miedo a encontrarse con cadáveres, nadadores por excelencia. -¿Seguro que sabes donde estamos? -preguntó Charlie de nuevo a Joshua, quien estaba a cargo de la expedición. -Hume, no voy a decir que te quiero pero me caes bien, y con preguntas como esas evaporas mi paciencia. Así que, te lo advierto, una vez más que preguntes eso y te golpeo sin parpadear siquiera -respondió Ford sin voltear al tiempo que seguía caminando y mostraba su puño a mi otro primo. Era verdaderamente divertido ver como ambos peleaban de aquel modo tan inocente, aunque bien sabía yo que Joshua era una bomba de corta mecha y que en cualquier momento y por cualquier cosa podía estallar. Cuando supuse que ya había pasado otra media hora propuse un descanso. Nos sentamos en ronda y bebimos un poco de agua. Las botellas que allí teníamos eran de las pocas que habían llegado a la playa. -Me estoy cocinando en este horno del infierno -comentó Joshua mirando hacia las copas de los árboles -Miremos el lado bueno, si te cocinas no tendremos que buscar más comida. Sabemos que eres sano y con esos músculos alimentarías a todos durante un mes -comenté. Nos miramos entre los tres y como si nos hubiésemos puesto de acuerdo reímos al mismo tiempo. Alcé la mirada para echar un vistazo alrededor y me sorprendí al ver a un sujeto parado a diez metros de nosotros. Dicha persona volteó la cabeza hacia nosotros, nos miró y sonrió. Luego desapareció. Los tres quedamos atónitos, sin poder creer lo que veíamos. -¿Quién era ese tío? -preguntó Joshua -Mi mejor amigo, ¿acaso crees que sabemos? -respondió Charlie con sarcasmo. -Debe ser peligroso, propongo que nos pongamos de pie lentamente... que joder, vámonos ya, las chicas deben tener a todo el campamento haciéndoles la italianita en las uñas o no se como se llama -repuso el rubio. -Timothy está allí -dije queriendo recalcar que ellas no tenían el control absoluto -Sí, y también están ahí Margareth, Heather, Catherine, Ji-Yeon, Eileen, Jenna y Georgia. De seguro a estas altura nuestro preciado Timothy ya sabe tejer y ponerse delineador y sombra de ojos. Nos pusimos de pie, guardamos el agua y continuamos con aquel poco distinguible sendero que el fortachón decía poder ver.
Pasaron no sé, ¿tres horas? ¿cuatro? ¿cinco? hasta que llegamos de nuevo al campamento. Poco antes de abandonar la selva prometimos los tres no decir nada al respecto del sujeto ese, puesto que si lo decíamos los demás podían asustarse. Y es que un tipo en medio de la selva, que aparece y desaparece de repente, si daba algo de miedo.

TU NO ESTABAS EN EL BARCO
Por Georgia R. Locke



Tomé la navaja que había encontrado entre lo que había regresado a flote a la isla y me puse de pie lentamente, como si fuese un tigre al acecho. Me fijé que nadie estuviese mirando, todos mis primos estaban entretenidos en algo más: algunos peleaban, otros, por el contrario, reían, Catherine y Ji-Yeon estaban tomando sol; podía hacer una lista interminable. En fin, en unos cuantos pasos me sumergí entre los árboles que había a mis espaldas y unos segundos después ya estaba en la selva. Caminé con el cuchillo en la mano, atenta a todo movimiento y sonido fuera de lo normal. No buscaba nada en específico, simplemente estaba haciendo caso al llamado de la aventura. Aparté las ramas que se interponían en mi camino e incluso me atreví a escalar un árbol. Navaja en la boca, apretada entre los dientes, comencé a hacer fuerza con mis brazos para avanzar verticalmente a través del tronco de aquel árbol. Debía de ser exactamente el mediodía, las doce en punto tal vez, y sentía el sudor perlandome la frente, corriendo por mi cuello y por mi espalda. Se sentía feo, no era nada cómoda la situación. Ya era suficiente, tenía que bajar. Era cierto, adoraba la aventura, pero seguía siendo una mujer y eso me instaba a no querer sudar como un puerco al sol. Antes de iniciar el descenso arrojé la navaja a la tierra, una caída vertical de más o menos diez metros de altura, y cayó clavado en la negrura del suelo sin herir nada a su paso. Moví mis manos hacia abajo, luego mis pies, luego mis manos y luego, de nuevo, mis pies. Sucesivamente hice esos movimientos, pero en alguno de ellos hice algo mal y perdí la estabilidad. Desesperadamente busqué que mis manos se aferraran a la corteza mas no lo logré. Me veía tendida en el suelo, mis primos me hallarían días después, cuando se les ocurriera meterse en la selva. Todo lo que imaginé se disipó cuando unos brazos me sostuvieron y ni la punta de mi pie llegó a tocar el suelo. Ante el primer contacto me aferré a mi salvador, y cuando levanté la vista para contemplar al primo oportuno que me había rescatado de una muerte segura me topé con unos ojos desconocidos. Lo que este muchacho lo tenía de rubio, también lo tenía yo. A la piel la tenía bronceada, probablemente de estar tanto tiempo al sol, y los músculos considerablemente notables. Negué imperceptiblemente con la cabeza -¿Quién eres? -dije- Como respuesta obtuve un movimiento brusco que me obligó a plantarme sobre mis pies, ni que se hubiera quemado con mis palabras. Me observó con desaprobación, distante y frío. -¿Quién eres tú? -preguntó él a su vez, con voz grave, claramente madura. -Mi nombre es Georgia, Georgia Locke -dije con una sonrisa y extendí mi mano para que la estrechara. Él la observó con desagrado. -Connor -dijo y extrajo mi navaja de las entrañas de la tierra al tiempo que yo retiraba mi mano del aire para posicionarla a mi lado. -Nadie arroja una navaja como si nada desde esa altura. La escuché caer y vine a ver. Tampoco nadie se trepa a uno de esos -señaló el árbol -Todo el mundo sabe que te caes porque son resbaladizos -Vale, YO no lo sabía. Podrías ser menos desagradable cuando hablas, apuesto a que no tienes amigos -puse mis manos en mi cintura y me aparté el cabello del rostro. Cambiando de tema, dijo: -Y yo apuesto a que habrías muerto de no ser por mí. Podrías decir gracias al menos -hizo una expresión clara de ironía, parecía ser el típico tío sarcástico y bravucón, el chico malo de la película. -Está bien, gracias -dije. Hubo un silencio, él se acomodó una venda que tenía en la pierna y yo lo observé. -¿Qué te pasó? -Como si te importara. Oh, desde luego, el automarginado, víctima de todos. Esa clase de chicos no me iban, pero sinceramente, él movía algo en mí, cuando hablaba, cuando se movía. -Bueno, Connor, ¿que te pareció el crucero? ¿Lo disfrutaste antes del accidente? -¿Qué crucero? -El crucero, ya sabes... ¿No venías en el crucero? -pregunté alarmada -Para nada, he estado aquí toda mi maldita vida -el asombro se apoderó de mi expresión. -¿¡Georgia!? -se escuchó a lo lejos. -No le digas a nadie que me has visto, que sea un secreto. -¿Porque? -¿¡Georgia!? -¡Promételo! -¿¡Georgia!? -Vale, lo prometo. Mis primos me encontraron, al parecer habían notado mi ausencia. Antes de que ellos llegaran, Connor había desaparecido en lo espeso de la selva.

LOST AGAIN
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